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EL VENDEDOR DE COCOS
De la fila de acacias junto al adoquinado
el hombre siempre escoge la misma sombra.
Cada día es el rito vaciar el carretón,
separar los cocos, y al filo del machete
ir pelando cada coco hasta dejar
la blanca esfera de carne descubierta.
La mujer los ofrece
de dos en dos o tres en cada brazo,
sorteando buses,
saltando entre motocicletas y taxis;
pendiente del semáforo
para pegar carrera a recoger más cocos.
Desde lejos, la blancura de los cocos brilla
como los cráneos de los setenta y cinco niños mískitos
muertos por la guardia somocista en Ayapal:
WAN LUHPIA AL KRA NANI BA TI KAIA SA
(Muerte a los asesinos de nuestros hijos)
gritaban sus madres.
Los hijos del vendedor de cocos
desayunan un coco en la mañana
y almuerzan un coco a medio día
bajo la acacia circundada de cáscaras.
TAWAN ASLA TAKS, TAWAN ASLA TAKS,
(PUEBLO ÚNETE, PUEBLO ÚNETE)
GRITABAN LAS MADRES.
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
BAILA WALA WINA, BALAYA APIA
(DEL OTRO LADO, NO PASARÁN).
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